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24 noviembre, 2022

Estudio en suelos chilotes busca mejoras en la agricultura para disminuir su impacto en ecosistemas

— Una investigación desarrollada desde el Instituto de Ecología y Biodiversidad, analizó ecosistemas nativos e intervenidos por la actividad humana, y el impacto del cambio de uso de suelo sobre el almacenamiento de carbono y el balance de gases de efecto invernadero.

El cambio en el uso del suelo es una de las actividades humanas que ha generado mayores impactos en nuestros ecosistemas, especialmente desde mediados del siglo XX. La transformación de bosques nativos y hábitats prístinos, en terrenos para otros usos (como agricultura), ha provocado una pérdida creciente de biodiversidad, la disminución en las reservas de carbono y nutrientes de los suelos, y un aumento en las emisiones de gases de efecto invernadero.

Así lo advierte un reciente estudio chileno publicado en la revista científica Agriculture, Ecosystems & Environment, el que analizó diferentes ecosistemas y coberturas de suelo de la zona norte de Chiloé. Este trabajo, liderado por Jorge Pérez Quezada, agrónomo e investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad y de la Universidad de Chile, no sólo busca aportar al conocimiento científico, sino también contribuir a mejores prácticas en la agricultura, actividad indispensable para la vida humana.

Los análisis consideraron mediciones en cuatro tipos de coberturas de suelo: tierras de cultivo, pastizales, vegetación nativa y matorrales de especies invasoras. El trabajo también recogió datos del bosque de la Estación Biológica Senda Darwin, lugar donde se encuentran instaladas torres de monitoreo -llamadas Eddy Covariance-, gracias a las cuales desde el año 2013 se ha podido realizar un monitoreo permanente de flujos de CO2 y agua, lo cual se ha complementado con la medición de otros gases de efecto invernadero, como metano y óxido nitroso.

Al respecto, Jorge Pérez destacó que, gracias a estos instrumentos de medición, han comprobado que tanto bosques como turberas absorben dióxido de carbono año tras año, acumulando así una gran cantidad de carbono, principalmente en el suelo. Asimismo, añadió que los bosques son verdaderas esponjas también para el almacenamiento de metano, todo lo cual es de gran importancia para la mitigación del cambio climático.

– Explorando ecosistemas en Chiloé –

“El trabajo recién publicado nos permitió estudiar las emisiones de gases de efecto invernadero en lugares con distintas coberturas de suelo, dentro de los cuales están los campos agrícolas, que son los espacios que más emiten estos gases. En este artículo no sólo comparamos entre ecosistemas nativos, sino que además discutimos acerca del cambio de uso de suelo, desde ecosistemas nativos, a suelos usados para actividades humanas, teniendo como referencia los estudios hechos en la Estación Biológica Senda Darwin”, explicó Jorge Pérez Quezada.

El investigador del IEB sostuvo que en los lugares donde ha existido intervención humana los niveles de carbono bajan muchísimo. “Cuando un bosque se transforma en matorral se pierde una parte importante de esta reserva. Lo mismo ocurre cuando los terrenos son sometidos a técnicas de arado, empleadas en la agricultura. En el caso del nitrógeno vimos que no había un cambio tan notable y se mantenían valores más bien estables. Pensamos que eso pasaba porque muchos de estos ecosistemas se fertilizan y se les aplica nitrógeno, y en muchos casos fósforo”.

– Instrumentos de medición y estudio –

Además, el científico destacó la importancia de considerar el nitrógeno en las mediciones, ya que este elemento tiene relación con el cambio climático, porque es parte del óxido nitroso (N2O), el cual tiene 280 veces el efecto de calentamiento que el CO2.

En el caso del fósforo, Jorge Pérez señaló que, si bien éste no es un gas de efecto invernadero, sí es importante para el crecimiento de las plantas y, por ende, para la captura de carbono que éstas puedan hacer.

Al respecto, el estudio detalla que los ecosistemas intervenidos por la mano humana, en comparación con los nativos, contienen 60% menos de carbono, lo que se explica principalmente por la pérdida de casi la totalidad de vegetación sobre el suelo, y por una menor cantidad de carbono en el suelo.

Fuente: CodexVerde

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